Bienvenidos al Orellas

La mejor oreja y rabo de Ourense desde 1953.

El ambiente cálido y el trato amable que se recibe al entrar en el bar Orellas hacen que cuando uno cruza por sus puertas se olvide del mundanal ruido y se prepare a pasar unos momentos inolvidables.

La calidad del trato que recibe el comensal sólo se ve superada por el buen hacer de su cocinero y dueño “Manolo”, como lo llaman los clientes habituales. Manolo consigue, con sus platos algo de lo que muy pocos cocineros son capaces, aunar la cocina más básica y tradicional con el moderno sistema de hostelería, sin perder lo fundamental de la cocina gallega de siempre, es decir la calidad de la materia prima.

El plato más representativo y que da nombre al restaurante son las orejas de cerdo. Cocinadas a la perfección, Manolo transforma este plato sin presunciones en un manjar absolutamente exquisito, en el que el sabor del cerdo se sublima consiguiendo un aroma embriagador y una textura perfecta que acaricia el paladar.

Para el habitante de Orense es imposible no conocer el bar Orellas, lo mismo que el visitante no puede permitirse pasar por esta hermosa ciudad sin hacerle una visita a Manolo y probar una tapa de orejas, tan famosas como sus termas.

El personal del Orellas estarán encantado de recibirles y tratarles con suma atención.

“Uns cantos pipotiños, unhas mesiñas de madeira coas súas banquetiñas, unha pequena barra forrada coa casca dos piñeiros e unha saca de orellas nun recuncho, pois o noso curmán non sabía que facer con elas. E a vender viño e os pavillóns auditivos do porco. E máis que houbera”.

Palabras de Manuel Iglesias Eirey, propietario original del Orellas.

Extraído de “Crónicas dunha Rúa” Arturo L.R.

Así comentaba el dueño original del bar Orellas cómo habían sido los humildes orígenes del famoso bar, allí por el año 1952, cuando un alguacil del Concello negoció con el Señor Benjamín Rincón Iglesias la apertura de una bodega para dar salida a una particular cosecha de vino. Benjamín contrató a los hermanos Iglesias, entre ellos Manolo, para darle cara al negocio y fue tal el éxito conseguido por éstos que poco tiempo después lograron comprar la bodega. Unos años más y Manolo Iglesias Eirey cerró sus puertas, para volver a abrirlas esta vez ya por su cuenta.

Desde entonces, por el Orellas han pasado los años vestidos de décadas. En su barra han bebido, reído y soñado cientos de personas llenando el bar con el aire de cada época. Coristas brindando en clave de sol, artistas y literatos sentando sus tertulias a la mesa.

Hoy en día el Orellas ha pasado de Manolo padre a Manolo hijo, el cual sigue conservando el mismo estilo de siempre aunque aportando su propio granito de arena.